Embarcado en un largo proceso que comienza germinando en tierra, a unas cuadras de su casa, Don Juan Olivado siembra la planta de cabuya; corta sus hojas, extrae la fibra, lava, tiñe y teje. No se le escapa un detalle, cada paso lo lleva a la creación de cada una de sus obras maestras.

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  • Don Juan, trabaja con ésta tradición costarricense desde sus once años. Durante su adolescencia trabajó en una fábrica de café, empleo que abandonó después de unos años, cuando decidió volver a su Cartago natal, para trabajar en lo que hacía sentir su vida más emocionante y plenamente feliz. Comenzó a hilar cabuya. Con los años construyó una trayectoria que dejará huella e historia en el corazón de cada una de las personas que adquieren una de sus piezas.

Navegando dentro del proceso de producción para una bolsa de cabuya:

Siembra: La creación de bolsas de cabuya nace en la provincia de Cartago, en un pequeño pueblo al suroeste de Costa Rica. 

Don Juan, cultiva en sus tierras la planta furcroya que da vida a las obras maestras que forman parte de la co-creación entre La Cabuya Cuenta y Foranea. La planta Cabuya, atraviesa un largo proceso de crecimiento. Durante cinco años, exapande sus hojas al sol, hasta alcanzar la altura suficiente de aproximadamente dos metros, para obtener la mayor cantidad de fibra natural posible.

Desfibrar: El método de desfibrado con carrizo, es una de las técnicas más antiguas, utilizadas por los campesinos hasta finales del siglo XX. Consiste en un madero con una abertura estrecha en el centro donde se fijan dos piezas metálicas por donde son pasadas las hojas del agave para extraer la substancia de la hoja y retener las fibras. Evoca fuerza y técnica. Con sus propias manos, Don Juan desfibra doce hojas por cada pieza producida.

Lavar & Secar: La fibra extraída, continúa su proceso dejándose en reposo por un día, después de ser lavada a mano, de ésta forma, la substancia verdosa de la planta se desprende de la fibra, quedando lista en su color natural. Seguido: el secado. Se expone la cabuya al aire libre, permitiendo que el sol seque las finas hebras.

Teñir: El color crudo de la cabuya, por sí solo es armonico. Las hebras teñidas, envuelven procesos manuales que abren la posibilidad de crear piezas únicas perdurables en el tiempo.

Hilar: El hilado de cabuya con carretilla tradicional, es un proceso que requiere de dos personas: una sostiene y estira el hilo mientras la otra gira la carretilla, una herramienta artesanal que tuerce y compacta las fibras secas de cabuya. Con este movimiento coordinado, las hebras se van uniendo hasta formar un hilo resistente, que luego se enrolla en la carretilla para su uso en los tejidos

Urdir: En el telar de pedal, Don Juan coloca y tensa los hilos de la urdimbre, ordenándolos de forma paralela para formar la base del tejido. En este paso se define el ancho de la pieza y se organiza el patrón de colores que guiará la trama. Es el fundamento que sostiene todo el proceso, donde comienza a revelarse la forma y el diseño final.

Tejer: Con la fuerza de un pie en el pedal, el movimiento de ambas manos, una vara de madera y el apoyo de un centímetro, comienza el tejido. Cada cruce de hilos une técnica y memoria, en un trabajo hecho con amor y profundamente enraizado en el corazón de quien lo teje.

Detallar: Con profunda dedicación Doña Sonia cuida de los detalles: las manillas, el forro, el barniz, el broche y la unión entre tejidos, son obra de sus manos; aguja e hilo— su corazón está plasmado en cada puntada de principio a fin.