La comunidad Boruca, asentada en el suroeste de Costa Rica, rodeados de montaña, bosque y río, es guardiana de una herencia profunda que han sabido conservar a lo largo del tiempo. En este proceso, las mujeres borucas sostienen una labor esencial a través del tejido tradicional, donde, mediante el uso de tintes naturales y técnicas ancestrales, plasman saberes, símbolos y memoria colectiva en cada pieza. Éste territorio, alejado del ruido de la ciudad, guarda un legado que nos enseña día a día que lo propio no se pierde cuando se protege con amor.
Su espíritu de resistencia se celebra cada año en la ¨Danza de los Diablitos¨, danza donde los hombres de la comunidad, portando sus máscaras talladas y pintadas a mano en madera de balsa o cedro, representan la lucha contra la colonización española. Así, los borucas celebran su camino sin disculpas, afirmando su verdad y manteniéndose profundamente enraizados en el origen de su historia. Con cada acto de memoria, fortalecen su presente y continúan dejando una huella amable, firme y viva sobre la tierra.
La labor de amor para hacer los bolsos y carteras rinde homenaje a las tradiciones que han sobrevivido durante generaciones. Cada paso del proceso refleja una profunda conexión con la tierra, la familia y la cultura, creando piezas que no solo son extraordinarias, sino también llenas de historia y significado.