No quise inspirarme en nuestras raíces sin invitar a quienes las sostienen.

Crear éste espacio no fue solo una decisión creativa. Fue una decisión personal. Quería construir algo que hablara de nosotros, de lo que somos, de lo que hemos sido. Un espacio que honre nuestras raíces y celebre nuestra cultura. Admirando los gestos silenciosos con los que se trabaja el barro, se hila el algodón, se extrae el color de una planta. Algo que no se aprende en libros, pero que se transmite de madre a hija con paciencia.

Con el tiempo, entendí que quería compartir ese mundo sin invadirlo. Quería ofrecer un espacio de reconocimiento en donde los saberes ancestrales pudieran florecer.

Creo profundamente que nuestras culturas merecen ser contadas desde adentro, con dignidad y con voz propia. Foránea es un espacio para amplificar esa voz —sin editarla, sin filtrarla, sin robarla.

Hasta el día de hoy en éste espacio habitan dos comunidades indigenas costarricences: Boruca y Chorotega. Ambas me han enseñado que crear también es cuidar, que los tiempos naturales no se aceleran y que cada pieza hecha a mano guarda una memoria.

Acá les comparto nuestra travesía y aprendizajes entre comunidades:

COMUNIDADES