La cerámica nace del contacto con el barro, conservando esas huellas en su proceso. Cada pieza sostiene la memoria de un pueblo que aún dedica sus días a moldearla.
En el territorio de Matambú, en casa y taller de las hermanas Mendoza; Doña Eugenia y Doña Regina, la cerámica es parte de la vida diaria. Desde niñas, el barro ha estado presente. Recolectan el barro y la arena a la orilla del río para moldearla con paciencia hasta que cada pieza toma forma en el torno.
Con ellas co-creamos una colección en honor a su madre, como una forma de reconocer ese legado que se transmite, se cuida y aún permanece.
Donde la vida y el trabajo suceden al mismo tiempo
En Guaitil, el barro se vuelve parte de lo cotidiano de una forma casi silenciosa. Está en las manos, en los patios, en los espacios donde la vida y el trabajo suceden al mismo tiempo. Hay una calma en cómo se hacen las cosas que no buscan cambiar, sino continuar. Las formas aparecen desde lo aprendido con el tiempo, mirando, haciendo, equivocándose
volviendo a empezar, sin apuro. Estar ahí es sentir que todo tiene su ritmo propio, que nada se fuerza, y que lo que permanece no es solo la técnica, sino la forma en que cada persona se relaciona con lo que hace. En ese proceso, trabajamos junto al artesano Andy Campos, compartiendo desde cerca su manera de entender y dar forma al barro.